Introducción
Ortega y Gasset, en su opúsculo “Se busca al hombre”, nos invita a reflexionar sobre la complejidad de definir al ser humano, especialmente desde la mirada de la filosofía del derecho. La pregunta por el hombre no es solo una cuestión antropológica, sino que se proyecta como el fundamento último de todo orden jurídico y político.
La pluralidad de miradas sobre el hombre
Ortega y Gasset parte de una escena emblemática: la presentación de Cristo ante la multitud, donde cada grupo —el pueblo, los fariseos, los soldados romanos, los discípulos, Pilatos— ve algo distinto en la figura de Jesús. Unos ven un hereje, otros un esclavo, otros un dios, otros un reo. Esta pluralidad de perspectivas revela que la identidad del hombre es siempre una construcción relativa, dependiente del contexto social, político y cultural.
En el ámbito jurídico, esto se traduce en la dificultad de establecer una definición universal del hombre que sirva de base para los derechos y deberes. El derecho, al pretender regular la convivencia humana, debe partir de una concepción de lo humano, pero ¿cuál? ¿La del ciudadano romano, la del súbdito medieval, la del individuo moderno?
La historia del derecho como búsqueda del hombre
Ortega señala que la historia política y jurídica es, en última instancia, una serie de luchas por la definición del hombre. La Revolución Francesa, con su Declaración de los Derechos del Hombre, marca un hito: por primera vez, el hombre es definido como sujeto de derechos civiles, lo que implica un salto cualitativo en la escala de valores jurídicos y políticos.
Este momento histórico muestra cómo el derecho no es solo un conjunto de normas, sino una apuesta ontológica sobre qué es el hombre y qué merece. La proclamación de los derechos humanos es, en el fondo, una respuesta a la pregunta: ¿qué es el hombre y qué valor tiene?
La pedagogía y la formación jurídica
Una advertencia sobre la importancia de la pedagogía: la idea que el educador tenga del hombre será indeleble en quienes educa. Esto es especialmente relevante para el derecho, pues la formación de juristas, legisladores y jueces depende de la imagen del hombre que subyace en su educación.
Si concebimos al hombre como un ser racional, libre y digno, el derecho tenderá a proteger su autonomía y sus derechos fundamentales. Si, en cambio, lo vemos como un ente peligroso o defectuoso, el derecho se orientará hacia el control y la sanción.
Conclusión
La filosofía del derecho no puede eludir la pregunta por el hombre. Definir al hombre es definir el alcance y los límites del derecho. Ortega y Gasset nos recuerda que esta definición es siempre problemática, plural y conflictiva. Por ello, el jurista debe acercarse a su tarea con humildad y respeto, consciente de que, al legislar o juzgar, está también participando en la eterna búsqueda del hombre.
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