1. Diagnóstico central
El mercado praguayo pasó de un ciclo de demanda excesiva de dólares a un ciclo de oferta excesiva de dólares, y el BCP actuó de forma más intensa cuando el dólar subía que cuando bajaba.
Ese punto tiene lógica macroeconómica. Cuando el dólar sube, el BCP suele vender reservas para suavizar el traslado a precios. Pero cuando el dólar cae demasiado, si no compra divisas, permite una apreciación nominal fuerte del guaraní. Esa apreciación abarata importaciones y ayuda a contener la inflación, pero deteriora la rentabilidad de exportadores, industrias sustituidoras de importaciones, maquila, turismo receptivo y productores que venden en dólares o compiten contra bienes importados.
El dato relevante es que la inflación paraguaya sigue baja: en abril de 2026 fue 0,8% mensual, 2,2% acumulada y 2,3% interanual, según el BCP. Eso le da margen técnico al Banco Central para comprar dólares sin comprometer de inmediato la meta inflacionaria, siempre que esterilice adecuadamente el exceso de guaraníes resultante.
2. Lo que sí parece consistente
El argumento es consistente en cuatro frentes.
Primero, Paraguay está recibiendo más divisas por exportaciones. Al cierre de marzo de 2026, las exportaciones totales alcanzaron USD 4.615,2 millones, 12,8% más que en marzo de 2025, y el aumento de exportaciones registradas fue explicado principalmente por mayores ventas de granos y aceite de soja.
Segundo, el propio BCP mantiene una proyección de crecimiento robusta para 2026: 4,2% del PIB, con mejor desempeño esperado en agricultura, particularmente soja, y servicios como transporte e intermediación financiera.
Tercero, el ciclo externo efectivamente cambió. La Reserva Federal inició su ciclo de baja de tasas en septiembre de 2024 con un recorte de 50 puntos básicos, llevando el rango de fondos federales a 4,75%-5,00%, y luego continuó bajando en 2024 y 2025. Ese diferencial de tasas reduce parte del atractivo relativo del dólar frente a monedas emergentes.
Cuarto, el BCP mantiene una tasa de política monetaria de 5,50% anual, en una postura prudente, con inflación contenida pero riesgos externos todavía relevantes.
3. Lo que se exagera
La frase “el BCP debería comprar dólares” es razonable, pero no puede entenderse como una obligación automática o ilimitada.
Comprar dólares implica emitir guaraníes. Si el BCP compra divisas y no esteriliza suficientemente, puede recomponer liquidez, bajar tasas de mercado y alimentar inflación futura. Si esteriliza demasiado, puede encarecer el costo cuasi fiscal de la política monetaria. Por tanto, la cuestión no es simplemente “comprar o no comprar”, sino comprar gradualmente, esterilizar parcialmente y comunicar una regla de intervención compatible con la meta de inflación.
También debe distinguirse entre una apreciación coyuntural y una apreciación estructural. Si el ingreso de dólares responde a soja, carne, bonos soberanos en guaraníes, Itaipú y arbitrajes financieros, parte del movimiento puede ser transitorio. Pero si el BCP deja que ese shock transitorio determine el tipo de cambio de mercado por demasiado tiempo, el daño competitivo puede volverse real: pérdida de contratos, márgenes comprimidos, menor empleo formal y caída de inversión en sectores exportadores.
4. Tendencia probable de la economía paraguaya
Corto plazo: expansión con inflación baja.
La economía paraguaya probablemente mantendrá crecimiento positivo en 2026, impulsada por agricultura, exportaciones de soja, carne, maquila, servicios financieros y consumo favorecido por importaciones más baratas. El escenario oficial de crecimiento de 4,2% es consistente con ese cuadro.
Tipo de cambio: sesgo bajista o lateral-bajo, salvo intervención.
Mientras continúe la entrada de divisas por exportaciones, financiamiento externo en guaraníes, liquidaciones extraordinarias y menor fortaleza global del dólar, el tipo de cambio tenderá a mantenerse presionado a la baja. Si el BCP no compra dólares en volumen relevante, el guaraní puede seguir apreciado o apenas corregir parcialmente.
Inflación: contenida en bienes importados, pero con focos en alimentos y energía.
Un guaraní fuerte abarata importaciones y modera inflación de bienes transables. Sin embargo, carne, combustibles y alimentos pueden seguir generando presión sobre la canasta familiar. La inflación general puede verse ordenada, pero la inflación sentida por hogares de ingresos medios y bajos puede ser superior en rubros esenciales.
Sectores ganadores: importadores, comercio, consumidores urbanos y deudores en dólares con ingresos en guaraníes.
El dólar bajo beneficia a quienes importan bienes, pagan insumos externos o tienen obligaciones dolarizadas. También mejora el poder de compra de consumidores frente a bienes importados: electrónicos, vehículos, maquinaria, ciertos alimentos y productos industriales.
Sectores perdedores: exportadores, productores locales, maquila con costos en guaraníes y fisco aduanero.
Una apreciación real fuerte reduce competitividad. El productor que cobra en dólares y paga salarios, energía, logística e impuestos en guaraníes ve comprimido su margen. El Estado también puede recaudar menos por tributos vinculados a importaciones medidas en guaraníes y por menor rentabilidad de ciertos sectores.
5. Conclusión ejecutiva
La tendencia base para Paraguay es: crecimiento económico aceptable en 2026, inflación controlada, dólar débil y guaraní sobreapreciado, con riesgos crecientes para competitividad, empleo transable y recaudación.
Mi opinión: el comentarista acierta en advertir el riesgo de desalineamiento cambiario. El BCP no debería defender un tipo de cambio fijo, porque Paraguay tiene flotación cambiaria, pero sí debería evitar una apreciación real abrupta y desordenada. La política óptima sería una intervención compradora moderada, transparente y esterilizada, no para “subir artificialmente el dólar”, sino para suavizar el ciclo, reconstruir reservas y preservar competitividad sin comprometer la meta inflacionaria.
En términos prácticos: si el dólar permanece cerca de G. 6.000, la economía paraguaya puede verse “sana” en los agregados macroeconómicos, pero con deterioro silencioso en la economía real productiva. El riesgo no es una crisis inmediata; el riesgo es una pérdida gradual de competitividad que se manifieste después en menor inversión, menor empleo formal y presión fiscal.
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