domingo, 21 de septiembre de 2025

¡Entra el año! ... Helio Riberiro (1975)

 ¡Entra el año!

Suenan los silbatos, las sirenas, las bocinas, brillan las luces, estallan las champañas, las manos se estrechan, la gente canta…
El abrazo del perdón, el abrazo del amor, la presencia telegráfica de los ausentes…
Y los abrazos rompen las barreras del ayer y se entrelazan con el mañana.

Las frases, en todo el mundo, varían.
Varían poco: casi todas significan el mismo deseo, el anhelo que unos tienen para el nuevo año de los otros: ¡que sea feliz!
Y todos hablan de esperanzas, transfiriendo la responsabilidad de los males a gente lejana… que, a su vez, está haciendo lo mismo.

En esa transición, cuando el año 74 se convertía en 75, Fantië, abrazado a sus amigos, decía en silencio:
—¿Qué culpa tengo yo de esto? La culpa es de ellos…
Y sus amigos sintieron que él expresaba lo mismo que otros en diferentes rincones del mundo: uno responde por el Norte de Vietnam y el otro manda en el Sur.
Y en ese conflicto… ¡murió tanta gente!

Solitario, un joven con mochila a la espalda, en la ruta de los Andes, vio Bolivia.
El millonario blanco gastó centenas en los corredores negros de Harlem.

En todas las televisiones, la retrospectiva mostraba lo que había sido… pero ninguna sabía explicar por qué había sido.
Fue… y no fue.
Los grandes presentes del mundo fueron excusas, whisky y promesas.

¡Qué tristes fueron los abrazos de Nixon!
Las personas a quienes él debía abrazar con promesas, terminaron siendo abrazadas por Ford.
Y Kissinger, el alemán, judío-americano mediador, se abrazó a nuevas esperanzas.

En Rusia, sin Papá Noel, el calendario marcaba la misma fecha.
¿Y quién sabe qué ocurrió allá? Mostraban muy poco.
Antes abrazaban a Nixon, ahora abrazan a Ford.

La Tierra… es como una pequeña pelota de ping-pong.
El Papa extendió las manos y abrazó en el vacío las dudas.

Pero…
¡La niña vietnamita mamó!
La niña chilena llamó a su papá.
La niña alemana dijo “ya”.
La niña hindú pidió.
La niña árabe lloró.
La niña judía hizo caca.
La niña china quiso dormir.
La niña americana hizo pis.

Y todas las niñas y los niños del mundo hicieron las mismas cosas que hicieron los grandes hombres… cuando ellos mismos nacieron niños.
¡Eso los negociadores del mundo no pudieron cambiar!

La Tierra es redonda como una naranja.
La gravedad que mantiene el equilibrio… es el opuesto de la gravedad del desequilibrio.
El mayor es el menor.
El todo es la nada.
El límite es la luz.

En el espacio, los hombres del disco prosiguieron mirando y diciendo:
—No sabemos lo que hacemos.

¿Y hasta cuándo será esto?

El 75 es un año santo.
Quizás las inteligencias cósmicas nos dejen para entonces las verdaderas razones de Jesucristo.

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